El Evagelio, Las Buenas Nuevas

 

En el principio creó Dios los cielos y la tierra.” (Gén. 1.1) 

 

Al aprender sobre las Buenas Nuevas, es indispensable aprender primero que la Tierra y el mundo material refleja un sentido de propósito y no de azar. Después de esta afirmación, aprendemos que hay un orden en el que Dios crea las cosas que habrían de existir en la tierra. En el tercer día, Él creó el mundo vegetal y después de esto las especies de animales básicas. Todo esto fue creado con un sistema de información genético lo cual hizo posible que éstos se reprodujeran perpetuamente. Los peces han sido peces desde el principio y los chimpancés han sido chimpancés desde el principio. Después de esto, Dios creó la raza humana, separada de los animales.

 

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.” (Gén. 1.27) 

 

La actitud de Dios hacia el hombre fue de gracia y bondad.

 

Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar,

en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” (Gén. 1:28)

 

De esto aprendemos claramente que los humanos no son descendientes de los animales. Es más, de este texto aprendemos que la

vida para los seres humanos es llena de significado y responsabilidad que proviene de Dios.

 

 

El éxito del hombre en su responsabilidad de cuidar la creación de Dios se basa primordialmente en su obediencia a los

mandamientos de Dios. Después de tanto tiempo, sin embargo, aprendemos que un acto de desobediencia cometido por

el primer hombre ha tenido un serio y negativo efecto sobre toda la raza humana. Con respecto a esto, la Escritura nos dice:

 

 Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a

todos los hombres, por cuanto todos pecaron.” (Rom. 5.12)

 

El pecado es una palabra que significa “fallar en el blanco”. El blanco en el que se ha fallado es la absoluta y consistente

justicia de Dios.

 

Somos toda la descendencia histórica de Adán que desobedeció al Señor Dios. A través del nacimiento físico hemos heredado la naturaleza de Adán-- una naturaleza que tiene la capacidad y disposición de hacer lo bueno y lo malo. Así que, para nosotros es imposible mantener consistentemente la justicia.

Por tanto, la Escritura dice:

 

“Como está escrito: No hay justo, ni aun uno;” (Romanos 3.10)

 

Es cierto que somos capaces de hacer buenas obras de palabra, pensamiento y hecho. Sin embargo, por esta naturaleza

defectuosa y polucionada continuamente hacemos de cuando en cuando malas obras. Aquí también la Escritura dice:

 

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23)

 

No hay ningún ser humano que sea libre de este veredicto y no se puede escapar a esta situación. No hay ninguna cantidad de buenas obras o actividad religiosa de nuestra parte puede remediar el problema. Esto es debido a que nuestras buenas obras vienen de la misma naturaleza que produce nuestras malas obras.

 

La palabra evangelio significa, “buenas nuevas.”  Las buenas nuevas es que El Señor, Dios Creador de la tierra y la vida ha tomado en sí mismo resolver el problema.

 

No hay obras religiosas en nuestra parte que puedan hacer una expiación aceptable por nuestros pecados. Solamente la obra de Dios nuestro Creador puede satisfacer esto. 

 

 “…nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador,”  (Tito 3.5, 6)

 

Isaías, el profeta, registra ambos, el problema humano y la solución divina,

 

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isaías 53.6)

 

El profeta de antaño le dijo al pueblo de Dios que un día el Señor Dios iba a proveer un sacrificio adecuado el cual llevaría el castigo en sí mismo por el pecado de todos.

 

Jesucristo, el Hijo de Dios, testificó sobre este hecho histórico de esta manera:

 

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Juan 3.16)  

 

Aquí están, entonces, las buenas nuevas de lo que Jesús ha hecho por nosotros, como lo dice el Nuevo Testamento:

 

Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras...” (1 Cor. 15:3-4) 

 

Esta es la esencia del evangelio. Jesucristo, el Hijo de Dios, fue sacrificado en la cruz y allí pagó la culpa de nuestros pecados.

 

Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Cor. 5. 21)

 

quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los

pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.” (1 Pedro 2.24)

 

Murió y resucitó y a los tres días resucitó de los muertos. En su muerte, pagó la culpa por nuestros pecados y su resurrección mostró que triunfó sobre la muerte. Esto indica que aquel que pone su confianza es Jesucristo recibirá no solo el perdón de los pecados, sino vida eternal.

 

Otra vez, cuando conversaba con Jesús sobre la muerte de su hermano, tuvieron este intercambio:

 

Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente....”  (John 11.25, 26)

 

Esta gran obra de Dios por nosotros se cumplió alrededor de 2000 años atrás. Luego fue registrada en las Escrituras. Históricamente, este testimonio ha sido conocido como el evangelio o Las Buenas Nuevas. Ahora nos pertenece para recibirlo no por medio de obras religiosas, sino por fe.

 

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” (Efesios 2.8, 9)

 

Y si alguien quisiera preguntar: ¿¨Qué debo hacer para ser salvo, para que mis pecados sean perdonados¨?,

aquí está la respuesta que da la Escritura:

 

“...Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo...” (Hechos 16.31) 

 

Refiriéndose a Jesús, la Escritura dice:

 

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos

hijos de Dios.” (Juan 1.12)

 

Pablo, el Apóstol, escribe:

 

“...que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Romanos 10.9, 10)

 

Este día puede ser el día de tu salvación y tu paso a la vida eterna mediante la fe en Jesucristo, el Hijo de Dios.

 

porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.”  (Romanos 10.13)

 

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